En mi vida simple de humana de a pie este fin de semana ha consistido en como ya he dicho antes, estar en la cama: ver películas del ordenador en la cama, ver links de youtube en la cama, leer en la cama (con un ligero cambio de posición), escribir en la cama (teniendo que levantarme a buscar la libreta y estirando el brazo para llegar al boli bic azúl, forever), cocinar (sí, aquí me he visto obligada a salir de la cama y no solo eso sino tener que salir de mi casa para ir al súper y sociabilizar con los productos que ya sabéis algunos son difíciles de tratar y con la cajera que por suerte era una mujer ágil y rápida).
Veamos cómo sería mi vida de marquesa en la cama: me despertaría y mi súbdito me traería un maravilloso desayuno con la prensa del día a la cama mientras abriría las ventanas para airear la habitación y aprovecharía para cambiar las sábanas por otras con un lindo olor a jabón marsella que eso hace hogar (si, patrocina este espació, ¿qué pasa?). Luego me traería una selección de films (decir películas sería vulgar) y la pondría en el proyector gigante con el cual mi ligera miopía pasaría desapercibida y yo me sentiría perfectamente bien y sin tara alguna. Luego me diría: ¿Ha terminado la señora marquesa? ¿Qué desea hacer ahora? Y yo le diría: deseo salir a montar a caballo (él se dispondría a preparar la indumentaria y a la mitad cambiaría de parecer), o no... mejor escribiré. Y me traería la libreta con una pluma Montblanc en la que escribiría mis reflexiones y de vez en cuando arrancaría una hoja, la arrugaría en bola y la tiraría por el suelo de la habitación. Lógicamente no tendría que salir a comprar ni cocinar.
Dicho esto, voy a salir de mi cama, poner la lavadora, ordenar la habitación, cambiarle las cacas a mi gata y vivir la vida normal que tampoco está tan mal... no?
